Durante mi proceso de recuperación, hubo una técnica que me ayudó enormemente. En realidad no tiene un nombre específico, pero yo la llamaría Trabajo con el Niño Interior. En muchos sentidos, se parece bastante al EMDR.
Recuperarse no es fácil. Mientras intentas reconstruirte físicamente, mantener la mente y las emociones estables es una batalla en sí misma. En un momento dado, sentí que lo había perdido todo. Fue como si la vida se hubiera detenido de repente y yo me hubiera convertido en otra persona.
Perdí la conexión conmigo misma.
“¿Quién soy? ¿Qué me pasó? ¿Hacia dónde va mi vida?”
Viví con estas preguntas durante mucho tiempo. Incluso un año después de salir del hospital, seguía sin poder reconectar del todo con mi pasado. Estaba viva, pero no me sentía yo misma: más bien como una extraña dentro de mi propio cuerpo.
Esta es la naturaleza del trauma. A veces te sientes desconectada incluso de tus propias emociones.
Por supuesto, fui a terapia. Tomé medicación. Aprendí autocompasión. Asistí a cursos de mindfulness. Cada una de estas herramientas me ayudó a su manera.
Pero entre todas ellas, el Trabajo con el Niño Interior me dio un consuelo muy especial.
“El niño que llevamos dentro es real. No es una metáfora. Es tu verdadero yo temprano, que sigue viviendo dentro de ti. La sanación comienza cuando reconocemos a ese niño, lo escuchamos, lo consolamos y volvemos a ejercer de padres con él.”
— Charles L. Whitfield, Healing the Child Within (1987)
Cómo hago esta práctica
Especialmente en esos días difíciles —cuando me siento sin esperanza, frustrada o abrumada— recurro a esta técnica.
Los pensamientos que me activan suelen sonar así:
¿Por qué me pasó esto a mí?
¿Cuándo me recuperaré por completo?
¿Llegaré a sanar algún día?
¿Qué piensa la gente de mí?
¿Cómo terminé aquí?
Cuando llegan estos pensamientos, me retiro a mi espacio seguro. Una habitación tranquila y oscura, si es posible. Pongo música que me calma y cierro los ojos.
Empiezo a visualizarme como una niña pequeña, de unos 3 o 4 años. Está triste, sola, llorando y desesperada por que alguien la consuele.
A su alrededor, imagino a personas diciendo cosas como:
“¿Por qué acabaste así?”
“¿Por qué estás enferma?”
“No te queremos.”
Por supuesto, no son voces reales: son mis propios pensamientos intrusivos, moldeados por mis miedos sobre cómo podrían percibirme los demás.
En ese momento, me acerco a ella como mi yo adulto.
La levanto con delicadeza, la abrazo contra mí y le digo:
“Te quiero.”
“Ya está todo bien, estás a salvo.”
“Estoy aquí para ti y nunca te dejaré.”
Mientras lo digo, me abrazo literalmente a mí misma. Doy suaves golpecitos en mis hombros, aplicando un tapping ligero (estimulación bilateral), que calma mi cuerpo y mi mente.
“El tapping nos permite acceder directamente a la amígdala y al hipocampo, calmando la respuesta de miedo del cuerpo y reescribiendo la memoria emocional.”
— Nick Ortner, The Tapping Solution: A Revolutionary System for Stress-Free Living (2013)

Se siente como si de verdad estuviera abrazando a esa niña que vive dentro de mí. Poco a poco, ella deja de llorar. Una sonrisa suave aparece en su rostro. Se siente segura.
Me quedo un rato con esa imagen, simplemente sosteniéndola.
Luego la devuelvo con cuidado al lugar donde pertenece, y la veo alejarse en paz, feliz y a salvo.
Respiro hondo y abro los ojos.
“La autocompasión implica tratarnos con la misma amabilidad y el mismo cuidado que ofreceríamos a un buen amigo que está pasando por un momento difícil.”
— Kristin Neff, Self-Compassion: The Proven Power of Being Kind to Yourself (2011)
Convertirme en mi propia madre
Esta práctica me da un consuelo profundo, porque a veces lo que más necesitamos es compasión, y no siempre de los demás, sino de nosotros mismos.
No todo el mundo puede estar siempre ahí para nosotros.
Pero podemos aprender a convertirnos en nuestro propio espacio seguro, en nuestra propia madre o padre.
Sanar no tiene que ver solo con el cuerpo: también con el corazón, la mente y el alma.
El Trabajo con el Niño Interior, combinado con el tapping, se parece bastante al EMDR. Muchos terapeutas usan técnicas similares.
Por eso creo de verdad que se puede practicar de forma segura y que puede traer un gran alivio, sobre todo en los momentos difíciles.
Con cariño.

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